5 dic 2010

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—Y bueno —dijo Horacio—. Lo mismo da ahora que cualquier otra vez. Sos tan tonta, muchachita, si supieras lo tranquila que podés dormir.

—Dormir sola, vaya la gracia. Ya ves, no lloro. Podés seguir hablando, no voy a llorar. Soy como ella, mirala bailando, mirá, es como la luna, pesa más que una montaña y baila, tiene tanta roña y baila. Es un ejemplo. Dame la piedrita.

—Tomá. Sabés, es tan difícil decirte: te quiero. Tan difícil, ahora.

—Sí, parecería que a mí me das la copia con papel carbónico.

—Estamos hablando como dos águilas —dijo Horacio.

—Es para reírse —dijo la Maga—. Si querés te la presto un momentito, mientras dure el baile de la clochard

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