3 abr 2011
El mundo parece dar un vuelco en ese preciso instante. Me vuelvo a caer y nadie me tiende su mano para levantarme. Te miro desde el suelo mugriento y me miras desde lo alto. Estás tan lejos como el Sol. Estiro mis brazos buscando tu mano, que puede devolverme a esa realidad en la que estamos vos con tus silencios de luto, yo con mis nostalgias a cuestas. No hacés más que mirarme altivo, como si ya no me conocieras. Pienso. La oscuridad siempre me lleva a pensar, es inevitable. No es bueno pensar de más ¿sabés? Vos seguís ahí mirándome como si el sólo hecho de mirarme me sacara de mi lúgubre situación. Y te miro también. Quizás si te miro directo a los ojos, podés entender que estoy muriéndome de a poco, que se está marchitando despacio. Pero no, no funciona. Y yo sigo tirada entre montones de polvo y lobos sueltos que hambrientos, buscan el momento preciso para empezar a devorarme. No tengo escapatoria. Ya no quiero convivir más conmigo misma, pero no hay opción. Me revuelco en el suelo que lo vio nacer y que lo ve morir, de a poco, en una agonía lenta pero inminente. Se me escapa de las manos cuando quiero atraparlo y guardarlo en una caja tan brillante como la que me mostraste ese día de lluvia. No quiero pensar en su muerte, pero ese pensamiento no se va. Es como un péndulo, va y viene, pesado, lento. Tu mirada sigue clavándose en mis ojos cansados. Ya no busco nada. Prefiero morirme de a poco antes que tener que verlo agonizar. El sólo hecho de verlo morir me aterra. Ya no soy fuerte, por lo menos no lo suficiente para verlo tirado en un cama de hospital, pidiendo a gritos un vaso de agua. Alguna vez pude, pero ya no puedo. Las heridas del pasado me impiden mirarlo como si estuviera contemplando una escena cotidiana, habitual. Cada vez que lo miro, la tristeza se fuga de mis retinas y se aloja en sus ojos, que me miran confundidos y me preguntan qué sucede. No puedo explicarle que soy yo quien lo está matando de a poco.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario