27 ene 2011

Todos tenemos calor. Somos agua. Yo no sé nada de él, él tampoco sabe nada de ella, pero compartimos esos quince minutos del día. Vamos por ahí, cada uno inmerso en su propio mundo. Pienso un rato en vos y un rato en el libro de Cortázar que me voy a comprar. Me dejo ir río abajo.

Una mujer grita: un asiento por favor. Interrumpe mis pensamientos. La miro, no tiene más de cincuenta años, acompaña a un muchacho de unos treinta que busca un lugar para descansar sus piernas lastimadas. El muchacho agradece y sonríe. La mujer dice que no es nada.

Pienso de nuevo en vos. Te descubro enredado en mi memoria, luchando contra el paso del tiempo. Me acerco al timbre, es hora de bajar. Un señor transpirado me mira. No lo miro pero sé que mira, siento sus ojos justo en mis rodillas. Empiezo a pensar que mis rodillas tienen algo especial y cuando bajo las miro y noto que son las rodillas normales. Andá a saber qué magia les encontró el señor.

Camino la misma cuadra y media de siempre. Trato de esquivar los charcos que dejó la lluvia de hoy. Hogar, dulce hogar. Abro la puerta, pienso en el libro de Cortázar que me voy a comprar, pienso en vos. El calor se fue.

1 comentario:

Arlequin dijo...

Qué lindo !! mil veces me sentí así "pienso en vos, pienso el libro de cortázar, pienso en vos de nuevo". Qué difícil es todo a veces