Sólo quiero dormir. Dormir para despertarme y odiar verme despierta. Odiar el mundo, cada pedazo de mundo.
No encontrar nada que me motive, ni siquiera el verano. Querer dormir y que alguien me despierte pellizcandome para decirme que sí, era sólo una pesadilla.
Dormir. No verme en el espejo. No ver el mundo afuera de mi sueño. No verlos,no verte, no verme.
No ver al tiempo pasar en este aparato deforme, sin vida, que aumenta todavía más mis ganas de escapar. Querer dormir.
Domir para que sea un nuevo día, para despertar e intentar sonreír un poco. Ser feliz unos cinco minutos, para después volver a lo mismo. Para después empezar a pensar ¿de qué sirve pensar? Levantarme y alimentarme de la ingenua esperanza de que todo va a estar bien. Y cerca del mediodía descubrir un dolor extraño en un sitio perdido, entre el pecho y estomágo. Y descubrir al idioma de los sentimientos trabajando de nuevo. Saber que el pasado no vuelve me destruye.
Despertarme para volver a dormir. Pasar los días esperando lo imposible. Intentando no pensar en esa flor marchita y esa luz divina.
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