15 jul 2010

Apoyo mi cabeza en tu pecho, me amoldo a sus recovecos, me siento tan cómoda… como si ese fuese mi lugar en el mundo. Tenés el torso desnudo y tu cuerpo me trasmite todo su calor. De pronto, nos invade el silencio. Ese silencio hermoso que viene antes o después del amor, ese silencio que no es más que paz, que derrocha ternura. Entonces, sólo puedo escuchar los latidos de tu corazón. Siento cada latir tan intensamente como si fuera mío, parece que mi corazón hubiera tomado el ritmo del tuyo. No hago más que pensar que esos latidos son los que dan razón a mi vida. Cierro los ojos y me fundo en ese latir, en ese silencio, en ese momento precioso. Después, me levanto tranquilamente y te beso los labios en calma. Sin abrir los ojos, me murmuras al oído: cómo me gustaría despertar así.

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