Hoy siento que una mezcla de cosas me invaden. Sonrisas, sólo sonrisas y miradas. Sonrisas y miradas, todo el tiempo en mi cabeza, son lo único que puedo ver con claridad. Todo el resto está difuso.
Una sonrisa pícara, que siempre cautivo a cualquiera. Que es capaz de estremecer hasta al más duro. De esas sonrisas, a las que el único adjetivo que le cabe es perfecta. Tan radiante, que parece iluminar todo de golpe. Una sonrisa que se acerca tímidamente. A la que contemplo anonada cada vez que se le ocurre aparecer por ahí. Sonrisa que incita a la mía a seguirla en ese juego eterno. Una sonrisa con muchas barreras, con muchos impedimentos.
Mirada, esa mirada que de golpe dejó de ser una más, dejó de ser parte de un todo, para ser la única. Mirada que se perdió en la mía infinitamente. Mirada que dice muchas cosas. Mirada que comprende, al instante, todo lo que sucede en mí. Mirada a lo que sorprendo mirando, a veces, al pasar. Mirada que adopta distintos roles, pero siempre mira con esa ternura que la caracteriza, con esa dulzura que deja tiesos a más de uno. Mirada que me cautiva. Mirada sólo vedada por el tiempo.
Acá estoy, en el medio de una bruma que apenas me permite ver. Perdida. Perdida entre sonrisas y miradas , a las que no comprendo. ¿Dónde ir?
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