¿Nunca les pasó que empiezan a pensar en algo y se cansan de pensarlo? A mí, sí. Esta no es la primera vez que me sucede, y tampoco creo que vaya a ser la última. Se me dibuja una sonrisa al pensar en la última vez en que esto me pasó, finalmente, por no poder pensarlo antes, tuve que tomar una decisión muy apresurada, que a tantos les sonó ilógica, y que yo no alcance a comprender. Tampoco digo que me arrepienta, de hecho, creo que fue lo mejor que pude haber hecho... porque en ese momento, en ese preciso momento, otro semblante vino a mi mente, fugaz y supe que estaba ahí para hacerme notar que todavía algo dolía, y no iba a hacer las cosas por despecho. Nunca.
Ahora me pasa exactamente lo mismo, intento pensar, me fuerzan a pensar, a ver qué pasa, qué me pasa y empiezo a pensar, empiezo a analizar y me canso de hacerlo. A los cinco minutos abondono el pensamiento por algún otro. No puedo pensarlo. Hay una barrera que no puedo traspasar.
Los comentarios de otros me están cansando, y esto recién empieza. Siento que es volver el tiempo atrás, mucho más atrás y ver a la realidad repetirse una vez más. Ya debería haber aprendido a manejar ciertas cosas... pero la verdad, no, no lo hice. No aprendí cómo, aún. Creo que pocas veces el pasado realmente nos sirve como experiencia... por lo menos, eso siento ahora.
Por otro lado, hay muchas amigas llenas de problemas. Algunas tan enfrescadas en ellos que apenas notan que la situación a la que me están llevando es por demás incómoda, que me empiezo a sentir mal ahí, que quisiera escapar y no sé a dónde. Me conocés, no me pongas a prueba. Esas cosas me desequilibran, lo sabés, ¿era necesario? Pero por suerte, están las amigas que me conocen más de lo que yo me conozco a mí misma, y que siempre tienen la palabra precisa, el abrazo en el momento adecuado, la sonrisa para robarme el mal humor. No hablo de amigos, porque ellos pueden conocerme tanto como mis amigas, pero en estos momentos en los que estoy aturdida, siempre complican con sus reproches, con sus escenas y sus excesivas ganas de protegerme. La única manera de crecer, de evolucionar es cometiendo errores y prefiero equivocarme, y lograr aprender antes de hacer todo como se debe sin escuchar a mi corazón. Igual, estoy generalizando, no todos mis amigos varones me llenan de reproches. Algunos tienen también la palabra justa en el momento preciso.
Creo que lo único que puede solucionar mis no ganas de pensar es el tiempo. El tiempo dirá, el tiempo ayudará a entender. A veces, siento que dejar todo en manos del tiempo es la escapatoria más simple,una salida cobarde. Pero, sinceramente, hoy no encuentro otra. El tiempo lo hace o lo deshace diría Benedetti y yo le agregaría algo más: el tiempo nos ayuda a comprender.
M.
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